Entrevista a La Galguera

Paula Martínez y Vicent Francés terminaron hace dos años sus Estudios Profesionales de Arte Dramático y desde entonces han seguido formándose, especializándose, creando, probando… Ahora nos presentan La Galguera, una nueva compañía que nace con la intención de hacerse un hueco en el panorama teatral a base de investigar y experimentar sobre las artes vivas. Sin corsés, sin etiquetas, completamente libres…  

Esta semana estrenan “Huésped” un monólogo escrito por Paula para la IV convocatoria de Autoría de SGAE y Ultramar que protagoniza ella misma. 

La obra dirigida por Marcos Sproston y con Vicent Francés como ayudante de dirección se podrá ver del 3 al 13 en la Sala Ultramar.

Sobre su compañía, su primer montaje, sus planes de futuro y mucho más hemos hablado con ellos. 

¿Quién hay detrás de la compañía La Galguera? 

Vicent Francés, Paula Martínez, Marcos Sproston y Patricia Vargas.  

¿Cómo surge vuestra unión? 

El núcleo sinérgico de la compañía somos nosotros dos, Paula y Vicent, quienes descubrimos durante nuestra formación en la ESAC lo fácil que era trabajar juntos. Por ello decidimos aprovechar la oportunidad que teníamos con el texto resultado de la IV convocatoria de autoría de la Sala Ultramar con SGAE. Con este proyecto sobre la mesa se unió Marcos, que ya conocía el texto por haber visto la lectura dramatizada. Con Marcos llegó Patri, y lo que empezó siendo un encargo de diseño de iluminación, acabó convirtiéndose en un miembro central de la compañía que se encarga de la fotografía, la comunicación y la iluminación.  

¿Qué ofrece esta nueva y joven compañía teatral? 

Para nosotros un lugar seguro en el que investigar y experimentar sobre las formas y contenidos escénicos. 

Buscamos crear un contenido destinado a un público joven más alejado del mundo teatral. Aspiramos a romper los clichés que rodean al teatro en nuestra generación, queremos atraer a aquellos que piensan que la cultura solo son conciertos y museos, a los que buscan acercarse a ella pero cuya inercia no es próxima a las salas de teatro. 

Además, tras descubrir las odiseas burocráticas que rodean la formación de cualquier colectivo cultural queremos servir de soporte y apoyo en la creación emergente en nuestro territorio. 

Imagino que, después de salir de la Escuela del Actor, hay que empezar a abrirse camino en la escena teatral valenciana… 

Sí, quedarse esperando no es una opción, por ello mismo decidimos crear esta compañía y no dejar pasar la oportunidad que nos brindó la Sala Ultramar y tener un texto propio sobre el que podíamos trabajar. 

Además nos gusta estar en constante formación, algo que consideramos indispensable en la vida en general y en el mundo teatral en concreto. Desde que terminamos nuestra formación en la ESAC hemos realizado tres cursos de dramaturgia y uno de artes vivas con diferentes profesionales. 

Por otro lado hay múltiples festivales que pueden ser una buena oportunidad para seguir trabajando y desarrollar nuevas ideas. 

En definitiva,  es un mundo complicado al que hay que dedicarle ganas y lágrimas desde el momento en el que dejas de escuchar los aplausos del montaje final. 

Habladnos de vuestro primer montaje… 

“Huésped” es un texto con toques de autoficción que habla de temas tan universales como la soledad aunque matizado desde el prisma generacional. En él se tratan temas como el abandono, el suicidio, la identidad y las redes sociales. 

Es un monólogo para una voz femenina que intercala diferentes registros. Desde la compañía y desde las instituciones públicas con sus ayudas inexistentes se ha decidido potenciar la soledad con una escenografía minimalista, poniendo en valor la actuación de una intérprete que lo construye todo desde el cuerpo y la palabra. 

Ha sido un montaje complicado atravesado por el COVID y la pobreza. Con dos cuarentenas y ningún sitio de ensayos oficial. La falta de presupuesto nos ha empujado a  jugar desde nuestras propias casas, parques, tejados, descampados,  skypes, espacios ocupados y lugares cedidos por gente maravillosa como la que forma “Espai Sankofa”.  

Un monólogo escrito y protagonizado por Paula… ¿Escribir e interpretar? Nadie mejor que tú para comprender al personaje… 

Si algo he comprendido desde que comencé a escribir es que no sé escribir desde una voz que no sea mía. Eso es complicado porque me hace sentir que algún día, quizás pronto, ya no tenga nada más que decir.  Sin embargo esto es algo que facilita el trabajo a la hora de acercarse a la interpretación porque si, el personaje soy yo: creo que alberga las partes más luminosas de mi misma pero también la más oscuras, compartimos recuerdos de vacaciones al sol pero también los pozos más hondos y oscuros. 

Esto ha hecho del proceso algo tan sencillo como complicado. La he rechazado tanto como me rechazo a mí, la he hecho débil por no querer asumir mi propia fuerza, hemos crecido, me ha escupido en la cara, se ha reído de mí y me ha abrazado tras cada ensayo, bueno o malo. 

Algo interesante es que durante gran parte del proceso intenté alejar a la dramaturga de la actriz. Quería que otras voces crearan y moldearan “Huésped” pero conforme avanzó el proceso me di cuenta de que la única persona que albergaba la verdad del personaje era yo, quizás no como actriz pero sí como dramaturga. Fue un proceso empoderante volver a descubrir una voz que yo misma había decidido dejar de escuchar. 

¿Por qué habéis elegido a Marcos Sproston para realizar la dirección? 

 Influyeron dos factores principalmente, el primero fue que Marcos conocía a Paula, había bastante buen rollo y acudió a la lectura. El segundo, que nuestra directora de montaje final de carrera, Begoña Tena, nos lo propuso un día que nos encontramos por la calle y no nos pareció una idea tan descabellada. Era una persona joven, que entendía de primera mano gran parte de los temas que trata la pieza y con experiencia previa en dirección… 

¿Qué esperáis de estos días en el teatro?

 Esperamos algo tan simple como poder vivir y disfrutar cada pase.  No sabemos muy bien si es porque es lo único que se debe esperar del teatro, o porque es lo único que puede hacer con todo lo que está pasando en el mundo.

¿Está siendo muy complicado crear, programar y en definitiva, sobrevivir teatralmente a la pandemia?  

Era la primera vez que nos enfrentábamos a todo esto profesionalmente, así que fue complicado desde el principio. La pandemia solo lo empeoró todo más. Íbamos a estrenar en junio y se paralizó todo. 

La duda fue algo muy difícil de gestionar durante esos meses: saber si todo lo que habíamos  hecho serviría de algo, si nuestro proyecto vería la luz, si se reducirían aún más las oportunidades… Incluso hasta hace un par de semanas, los ensayos se tuvieron que paralizar por un contacto positivo con el equipo. Fue una locura de la que ahora podemos reírnos, pero con la risa bajita. Ahora es cuando nos sentimos en un verdadero estado de alarma constante.



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