ENTREVISTA A JAIME PUJOL

JAIME

-¿Qué te impulsó a estudiar teatro?

Tomé la decisión con 17 años, en el instituto. Yo iba para arquitecto. De hecho estaba en la rama de ciencias, pero a punto de terminar el curso hicimos una obra de teatro para recaudar fondos para el viaje de estudios y me subí al escenario. Fue la “experiencia de mi vida”. Sentí eso que dicen del gusanillo y ya no pude dejarlo. Reconozco que el teatro ya me llamaba la atención pero nunca me había atrevido. Me apasionaba la lectura teatral gracias a mi profesora de literatura. Vino todo rodado y en mi “inconsciencia” decidí escribir e interpretar un texto. Ya ves, ni que fuera Kenneth Branagh. En mi casa fue una auténtica y desconcertante sorpresa cuando les dije a mis padres que quería dedicarme a esto.

-¿Cómo se viven esos primeros años? ¿Cambia mucho respecto a los últimos años?

Los primeros años se viven con una fascinación y sorpresa total, decides formarte en algo que intuyes que no sólo será tu trabajo sino tu pasión. Recuerdo mi etapa en la Escuela de Arte Dramático de Valencia como torrente de emociones y sensaciones, a la vez que de aprendizaje. La suerte de nuestra profesión es que durante tu etapa académica, no sólo adquieres conocimientos teóricos, sino sensoriales y emocionales. ¿Dime en qué carrera tienen eso? O sea que además te formas y evolucionas como individuo. Y sales con ganas de comerte el mundo. Quizás ahora, visto con la distancia sólo reprocharía a ese joven recién salido su arrogancia y le diría que aún le faltaba mucho por aprender. El tiempo y la experiencia te hacen afrontar esta profesión de otro modo, sin perder un ápice del amor por ella.

-¿Cómo fue la experiencia de trabajar y dirigir la Escuela del Actor?

Yo venía de dirigir el Instituto de Teatro Nuria Espert, de la Fundación Shakespeare, y me junté con varios de los profesores con el fin de crear nuestra propia escuela. Había muy buena sintonía entre nosotros y una necesidad de enseñar todo lo que la experiencia teatral y docente nos había proporcionado. Así, nos juntamos Vicente Genovés, Pepe Galotto, Andrés Poveda, Esther Ferri , Carles Sanjaime y un servidor, y con los pocos medios que contábamos, pero cargados de ilusión y ganas nos pusimos manos a la obra. Y nunca mejor dicho porque hasta enlucimos las paredes de la primera escuela del Actor, en la calle Alcalde Albors. Esos primeros años en los que fui director, estaba todo por hacer: plan de estudios, objetivos, métodos, etc. Quizás no fueron perfectos pero me siento orgulloso de mi gestión, así como del trabajo y respaldo de mis socios. Y muestra de ello son las primeras promociones que salieron a la calle con estupendos actores y actrices como María Almudever, Diana Palazón, Oscar Pastor, Marta Chiner, Amparo Oltra, etc.

-¿Hay algún compañero o momento que recuerdes especialmente?

Compañeros, todos. Tanto profesores como alumnos. Y el momento que recuerdo con especial cariño fue cuando estuvimos en un encuentro de escuelas enCastelló d’Empúries. Ahí presentamos Marat-Sade de segundo curso y Lorca Mujer de tercero. Recibimos muchos elogios por el trabajo realizado.

-¿Cual espectáculo recuerdas con más cariño?

Como espectador me apasionó Flowers de Lindsay Kemp. Entendí lo que a través del escenario se puede llegar a transmitir al espectador. Fue toda una experiencia.

-¿Puedes hablarnos de tus futuros proyectos?

No quiero hablar demasiado ya que algunos de ellos no están cerrados del todo, pero te puedo adelantar que dos textos míos verán la luz en Madrid la próxima temporada. Además de esto, estoy empezando a elaborar un nuevo proyecto teatral con Diego Braguinsky y Ornitorrincs. Y estoy pendiente de un proyecto audiovisual del que prefiero no contar nada por el momento. Ah, y sigo trabajando como creador de formatos para televisión en una agencia mexicana, World Talent House (WTH Agency), que está moviendo mis proyectos audiovisuales en Latinoamérica.

-Si pudieras elegir un personaje de todos los interpretados, ¿con cuál te quedarías?

Es muy difícil elegir puesto que cada personaje te aporta algo en mayor o menor medida y te hace crecer. Pero te diré dos que por motivos diferentes, me han marcado. Uno fue Mercutio de Romeo y Julieta, uno de mis primeros papeles teatrales, porque con él creo que di un salto cualitativo importante y empecé a madurar como actor y persona. Y el otro es Casqueiro, mi personaje del Comisario. Fueron diez años de mi vida, yendo a trabajar a Madrid, haciendo un personaje completamente opuesto a como soy. Todo un reto profesional y un absoluto disfrute, gracias al fantástico equipo que lo hacía posible.

-¿Algún consejo que quieras dar a las generaciones futuras?

Que trabajen con pasión, curiosidad y generosidad. Que luchen por lo que creen y que no desfallezcan. Hay que vivir esta profesión como una carrera de fondo. No hay que tener prisa
por llegar.

Quisco Montagud