ENTREVISTA A JUAN MANDLI

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-¿Cómo es que decidiste hacer teatro?
No lo sé. Ví un aviso en un periódico, tuve una intuición y me apunté. Tuve la suerte de encontrarme con un maestro que me abrió las puertas a la profesión de una manera muy distinta a como yo la concebía. Es decir, me rompió los esquemas.
-¿Qué es lo que te enamora de esta profesión?
Lo imprevisto. La inseguridad. La lucha entre la coherencia personal y artística y las “tentaciones” del mercado. La necesidad de tener siempre un equilibrio físico-mental y emocional. En suma, la posibilidad de estar vivos y a veces pasarte noches sin dormir.
-¿Cuánto tiempo llevas actuando?
Aproximadamente 40 años. Y recién ahora me voy enterando de qué va esto.
-¿Cuál es el mejor recuerdo que tienes de tu carrera artística?
Una gira con mi grupo de un año y medio por América Latina, trabajando, confrontando, viviendo en Comunidad, estudiando y cambiando mi percepción de la vida y el teatro a cada momento. Otro momento fantástico fue mi encuentro de 3 meses en Italia con Eugenio Barba, gran maestro de la vida y el teatro.
-Y, si se puede preguntar, ¿el peor?
Cuando en algún momento ME TRAICIONÉ. Por suerte debo decir que fueron pocos.
-¿Alguna obra que recuerdes con cariño?
Todas. No es un tópico. Porque yo creo que el éxito y el fracaso son banales. Lo importante es lo que se puede crecer tanto en uno como en otro. A veces un fracaso es el comienzo de…
-¿Qué puedes decirnos de tu último/actual espectáculo?
Estaré en el Miniteatro del Rialto con “A los que cruzan el mar…” un hermoso texto de Koltès que le tenía ganas desde hace mucho tiempo. Y en septiembre estreno “Atilio y Blanquita” una obra de la cual soy autor (mi debut en este rubro) y ambos proyectos, aún por estrenar, me hacen muy feliz y a veces me producen insomnio.
-¿Hay algún actor y/o director que admires?
¡¡¡¡Son tantos!!!!
-¿Algún consejo que quieras dar a las generaciones futuras?
Que puedan distinguir entre lo esencial y lo coyuntural. Que crean más en el trabajo y el proceso que en las “oportunidades”.Que tomen como ejemplo “el crecimiento natural de un árbol” y no otros tipos de crecimiento. Y que nunca olviden esta trilogía: trabajo, humildad y ética.
P.D. Perdón por el “sermón”… pero si me tiráis de la lengua…


Quisco Montagud